Jorge Soto, un ciclista de 66 años, ha comenzado una travesía de 15 días por Entre Ríos con el propósito de visitar las iglesias de cada cabecera departamental. Su viaje, que combina deporte y espiritualidad, representa un nuevo intento tras haber interrumpido su recorrido el año pasado debido a un accidente.
Un viaje marcado por la adversidad
El origen de esta travesía se remonta a un accidente en septiembre pasado, cuando Soto sufrió una caída que le provocó la fractura de tres costillas. A pesar de haber completado casi cuatro etapas antes del incidente, la experiencia lo llevó a replantear su enfoque y su equipamiento para este nuevo desafío.
Preparación y motivación renovada
Desde su partida en la parroquia Nuestra Señora del Rosario en Crespo, Soto ha recorrido aproximadamente 120 kilómetros en su primer día, llegando a Nogoyá. Su itinerario prevé etapas que varían entre los 70 y 120 kilómetros diarios, con el objetivo de culminar el trayecto en un tiempo estimado de 15 días.
La fe como motor del recorrido
Más allá del desafío físico, Soto ha encontrado en la fe su principal motivación para esta nueva aventura. A lo largo de su vida ha mantenido un fuerte vínculo con la religión, y ha decidido que su ruta incluirá visitas a las iglesias de las localidades que atraviesa, inspirándose en relatos de otros ciclistas que han realizado travesías con fines espirituales.
Un equipamiento adaptado a sus necesidades
Para afrontar el viaje de manera autónoma, Soto ha equipado su bicicleta como una “mini casa rodante”, llevando consigo una carpa, un anafe y alimentos que se adaptan a su dieta. Esto le permite ser autosuficiente durante el recorrido, aunque también se ha alojado con familiares en algunas localidades.
El apoyo familiar y el cariño de la comunidad
El ciclista ha recibido el respaldo de su familia, quienes expresan preocupación tras el accidente anterior, pero que lo apoyan en su decisión. Además, ha sentido el aliento de la comunidad, recibiendo palabras de ánimo de los transeúntes que encuentra en su camino, lo que le brinda una motivación adicional para continuar su travesía.
Este recorrido no solo representa un desafío personal para Soto, sino también una oportunidad para demostrar que, a pesar de las adversidades físicas, es posible seguir persiguiendo los sueños y la fe a través de la bicicleta.
Fuente: El Once



