
La principal procesadora de pollos del país atraviesa su hora más oscura, desatando una crisis sin precedentes que amenaza con desmantelar la estructura productiva de la región. Lo que comenzó como un rumor de pasillo se transformó en una realidad catastrófica: Granja Tres Arroyos ha perdido el 60% de sus productores integrados y su capacidad de faena se ha desplomado a menos de un tercio de sus niveles históricos. Mientras la empresa intenta transmitir un mensaje de estabilidad, los números del sector y el tendal de cheques rechazados cuentan una historia de deuda, desabastecimiento y un éxodo masivo que no se detiene.
Cifras de espanto: De 700.000 pollos diarios a solo 200.000
El impacto en la actividad es el indicador más crudo de la debacle. La firma, que históricamente lideraba el mercado concentrando el 35% de la faena nacional, operaba con un ritmo de 700.000 aves por día. Actualmente, apenas alcanza las 200.000 unidades, una caída estrepitosa que expone un funcionamiento muy por debajo de su capacidad operativa. Este retroceso obligó a unos 120 productores avícolas a romper vínculos con la compañía y migrar hacia otros establecimientos regionales para intentar salvar sus propios emprendimientos de la quiebra.
El “corralito” de los granjeros: 224 cheques rechazados y deudas millonarias
El trasfondo financiero de la crisis es alarmante. Según los registros del sistema, a mediados de febrero la compañía acumulaba 224 cheques rechazados por una suma superior a los $7.000 millones. Esta situación generó un efecto dominó de desconfianza; si bien la firma emitió nuevos valores con fecha para mayo, el clima de incertidumbre es total. Ricardo Unrein, de la Cámara Argentina de Productores Integrados de Pollos (Capit), advirtió que muchos granjeros permanecen en el esquema solo por la esperanza de cobrar las tres crianzas que se les adeudan, temiendo que, si abandonan ahora, nunca verán su dinero.
Pollos sin comida: Las graves denuncias por falta de alimento e insumos
La operatividad en las granjas que aún resisten es crítica. Productores integrados denuncian que la empresa mantiene irregularidades graves en el suministro: envían alimento para dos días y luego los animales pasan otras 48 horas sin comer. A esto se suma que Granja Tres Arroyos estaría retirando aves con bajo peso y ya no contaría con pollitos para reponer en los galpones, ya que su programación de nacimientos está seriamente comprometida. “No hay un norte para guiarse”, lamentó Unrein al describir un escenario donde la mayoría de las granjas que le quedan a la firma son propias por la fuga de los externos.
Pequeña escala al rescate: El drama del productor entrerriano
Para subsistir, el productor integrado de Entre Ríos está apelando a economías de subsistencia. En chacras de 30 o 40 hectáreas, los granjeros se sostienen gracias a la ganadería a baja escala y la cría de cerdos, actividades mixtas que les permiten poner comida en su mesa mientras la deuda de la avícola sigue creciendo. Toda la cadena de valor de la provincia observa con preocupación el conflicto, ya que la ausencia de diálogo y la falta de un horizonte cierto impiden realizar cualquier tipo de inversión o mejora, dejando a uno de los sectores más dinámicos de la economía local en un estado de parálisis absoluta.
La Nación



