
El sector agropecuario de Entre Ríos atraviesa semanas determinantes para el futuro de la campaña gruesa. Tras un período de incertidumbre marcado por la inestabilidad de las lluvias, los últimos informes técnicos revelan un panorama heterogéneo para la oleaginosa. Mientras la soja de primera transita etapas clave para la definición del peso del grano, la soja de segunda muestra señales de recuperación, aunque un sector de la provincia permanece bajo alerta roja por la falta de agua.
Soja de primera: caída interanual en los rendimientos
Con una superficie estimada en 300.000 hectáreas, la soja de primera se encuentra mayoritariamente en pleno llenado de granos (estadios fenológicos R4 a R6). Según los datos procesados por el Sistema de Información de la Bolsa de Cereales de Entre Ríos (SIBER), el cultivo debió soportar un pulso seco de tres semanas que impactó en su condición general. Actualmente, solo un 14% se califica como muy buena, mientras que el grueso del área se reparte entre buena (45%) y regular (32%).
Esta situación climática ha derivado en un ajuste de las expectativas de cosecha. Se proyecta un rendimiento promedio provincial de 2.300 kg/ha, lo que representa una merma interanual del 14% respecto al ciclo anterior, donde se alcanzaron los 2.681 kg/ha. De mantenerse estas cifras, la producción total de la soja de primera rondaría las 690.000 toneladas.
Soja de segunda: recuperación y zonas en riesgo
Para la soja de segunda, que abarca unas 750.000 hectáreas, la tendencia es más alentadora en términos generales. En los últimos 15 días, el porcentaje de lotes en condición “buena a muy buena” escaló al 67%, reflejando una mejora significativa tras un inicio de febrero complicado. El cultivo se encuentra iniciando su período crítico, una etapa donde cualquier factor ambiental negativo puede ser determinante para el resultado final.
Sin embargo, la variabilidad climática no afecta a todos por igual. El sector sur de la provincia es el único donde la condición de la oleaginosa ha empeorado, cayendo un 8% en sus calificaciones positivas. Los especialistas advierten que para este sector es indispensable la llegada de lluvias superiores a los 60 mm para evitar que el potencial de rendimiento continúe en declive.
El peso de la variabilidad climática en la economía regional
La disparidad de los registros pluviales ha generado que los productores entrerrianos sigan de cerca los pronósticos a corto plazo. Aunque el rendimiento esperado para este ciclo supera en un 8% al promedio del último lustro, la caída respecto al año pasado pone en evidencia la sensibilidad del cultivo a las condiciones ambientales. La disponibilidad hídrica de las próximas semanas será el factor decisivo para confirmar si la provincia logra sostener las toneladas proyectadas o si el impacto del clima termina por reducir aún más los márgenes de producción.



