
El sector agropecuario de la provincia atraviesa un momento determinante para definir los números finales de la campaña gruesa. Contra todo pronóstico, y tras haber superado periodos de incertidumbre climática, los informes técnicos revelan que la mayor parte de los cuadros de maíz tardío y de segunda se mantienen en pie con un potencial productivo alentador. Sin embargo, no todo es optimismo: la aparición de una plaga silenciosa y los efectos de una sequía intermitente han dejado su marca en los lotes, generando una brecha de rendimiento que mantiene a los productores en alerta máxima ante la proximidad de la cosecha.
Condición del cultivo: El 64% entre buena y muy buena
De acuerdo al último relevamiento de la Red de Colaboradores del SIBER, el panorama del maíz tardío y de segunda en Entre Ríos muestra signos de solidez. Los datos indican que el 64% de la superficie presenta una condición sanitaria y vegetativa calificada entre buena y muy buena. En detalle, un 23% de los lotes se encuentra en estado muy bueno, con proyecciones de rendimiento que alcanzan los 7.500 kg/ha, mientras que el 41% se categoriza como bueno, con una expectativa de 5.000 kg/ha. Estos números sostienen la esperanza de una cosecha eficiente para el remanente de la campaña.
Distribución de la superficie: Tardío vs. Segunda
La superficie total destinada a estos planteos productivos en el ciclo 2025/26 fue de 22.200 hectáreas, lo que representa apenas el 4% del área total cultivada con el cereal en la provincia, que alcanzó las 555.050 hectáreas. Del total de este maíz tardío y de segunda, el 74% (16.400 ha) se sembró como maíz tardío, mientras que el 26% restante (5.800 ha) se implantó como maíz de segunda sobre rastrojos de trigo. Esta diversificación técnica busca maximizar el aprovechamiento de los suelos según la rotación de cultivos establecida por cada productor.
Impacto del pulso seco y la chicharrita en los rendimientos
No obstante, el reporte también advierte sobre las dificultades enfrentadas. El 36% de la superficie se reparte entre regular (31%) y mala (5%), categorías asociadas directamente a un pulso seco ocurrido entre mediados de enero e inicios de febrero. Esta falta de precipitaciones coincidió con la etapa crítica de prefloración en lotes sembrados a principios de diciembre. Además, se ha comenzado a detectar la presencia de plantas afectadas por enfermedades transmitidas por la chicharrita del maíz, un factor sanitario que los técnicos monitorean de cerca por su potencial daño al rendimiento final.
Proyecciones finales: 100.000 toneladas estimadas
Bajo este escenario de contrastes, las proyecciones provinciales apuntan a un rendimiento promedio cercano a los 5.000 kg/ha. Con estos valores, la producción estimada se ubica en las 100.000 toneladas, una cifra que contempla la realidad de que una parte de la superficie total no será cosechada para grano comercial, sino que se destinará al consumo animal directo (picado o pastoreo). Los resultados finales dependerán ahora de la evolución sanitaria frente a las plagas y de la estabilidad climática en el tramo final del ciclo biológico del cultivo.




